Contacta

Mallorca Music Magazine te acerca toda la actualidad musical balear con especial atención a la escena local.

DATOS DE CONTACTO

Tarifas publicidad

Publicado el 24 diciembre, 2025

Jose Artero: “¿Más actor o cantante? Ahora estoy en un lugar distinto: soy intérprete”

Por Víctor M. Conejo
Jose Artero · Mallorca Music Magazine

Hay entrevistas que sí, venga, va, hay que hacerla y se hace porque la actualidad manda, pero realmente no me interesan, o no me lo gozo. Sucede mucho con las nacionales o internacionales, fundamentalmente porque esas figuras suelen haber dado más entrevistas que conciertos, en ocasiones cientos o miles, y no vas a preguntarle nada que no le hayan preguntado ya, y puedas leer en cualquier parte.

A mí de siempre me interesan entrevistas y diálogos con gente que me puedo encontrar aquí al lado, y que se les nota, mucho, que han visto mundo y creado mundos. Y no me refiero a tonteces como irse un mes a Tailandia, camperizarse la vida o acumular tarjetas de embarque. Todo eso solo suele generar autocomplacencia acumulada, pero no ideas propias, mucho menos la capacidad de transmitirlas. Sí te convierte en alguien susceptible de tener buena conversación, el dedicar tiempo y esfuerzo a generar tu propia visión del mundo. Seas carpintero o músico.

A mí me interesa muchísimo entrevistar a gente como José Artero.

-Se me ha ocurrido una nueva pregunta mientras venía: supongo que de pequeño nadie se metía contigo por tu apellido. “Artero” es una palabra muy bonita, significa astuto, mañoso, con matices incluso algo picajosos como bribón, marrullero o pillo. Supongo que no pasó porque no es una palabra muy de uso común. En Instagram o TikTok no abunda.
-Exacto, tiene connotaciones negativas, como quien busca las tretas, o juega con artimañas. Mi familia paterna sí era de jugar mucho con eso, pero mi apellido no me corresponde mucho, porque soy idiota.

-¿Cuál de las dos acepciones se te ajusta menos, la de hábil, o la de tramposo?
-Ninguna de las dos. Creo que soy lo que quiero representar.

-Pero eres actor y músico: no puedes ser más tramposo por definición (por profesión). Solo te falta ser además periodista para ser sospechoso de faltar más que nadie a la verdad.
-Ahí me has pillado. Es verdad porque al final nuestra verdad es falsa. Todo viene de nuestro punto de vista, y todo punto de vista es mentira.

-Pues realmente son dos las posibilidades a la hora de hacer música: desde un personaje, o no. Bob Dylan, no lo tiene, Tom Waits sí. ¿Tú lo tienes?
-Tom Waits lo tiene y es increíble. Vale: sí lo tengo. Pero sobre todo de cara a determinados formatos, porque soy actor y trabajo con personajes.

-Ahí está. ¿Cuánto se contaminan mutuamente el actor y el músico?
-Es un vacío legal.

– “Soy un vacío legal”. Qué gran titular.
-Me pasaba mucho al levantarme. A menudo me planteaba si me sentía más actor o cantante. Algunas veces era más uno, a veces el otro. Ahora estoy en un punto en el que me digo: soy intérprete. Es un lugar distinto.

-Es un perfil estilístico, creativo, muy curioso. Y muy interesante.
-Pensaba en ello hace poco viendo el documental “Crudo. Honesto. Real.” de Robbie Williams. Es autodestrucción continua, sentirse completamente desplazado del resto. Constantemente se siente mal por ser quien es, por ser el punto de mira, y al mismo tiempo se siente el “entertainer”. Ha nacido por y para eso. Para salir al escenario y comerse al público.

-Es curioso, de siempre es una figura musical y mediática de la que no soy fan, o no le sigo especialmente, pero me fascina.
-A mí también. Te puede gustar o no su música, pero esa figura llega a un escenario y te come. En eso me he basado toda mi puta vida, hasta ahora. Con todos los proyectos, llegar al escenario era llegar a mi casa. Pero con este en solitario me he dado cuenta de que esa casa la había habitado simplemente poniéndome una careta de showman, de “jefe de espectáculo”. Ahora son mis canciones, lo cual me deja completamente abierto y vendidísimo. Estoy en bragas delante de todo el mundo, me las están viendo y no son precisamente bonitas.

-Entonces ahora ya no hay personaje.
-Al menos en esto, no.

-Liquidar tu personaje, después de utilizarlo tantos años como herramienta de comunicación con tu público, más que una pirueta podría ser un riesgo.
-Puedo seguir teniéndolo, pero prefiero esconderme de ello porque en el fondo soy un animal social introvertido.

-Por tanto es muy consciente el publicar la música de tu proyecto individual bajo tu nombre, y no ponerle un nombre artístico.
-Y me arrepentiré de ello toda la vida. Siempre lo digo abiertamente: ser frontman es súper cansado, me encantaría estar detrás tocando el bajo o haciendo coros.

El músico y actor mallorquín estrenó el pasado septiembre su nuevo EP «Cosas que debí contarte», y como la actualidad de la música no dura un día o una semana, nos da la gana hablar de ello ahora. Son seis canciones grabadas en los estudios Diorama Sounds, producidas junto a Toni Salvà, y presentadas como indica el título: para profundizar en el concepto de aquello que no se dijo, la impotencia del paso del tiempo, del cambio abrupto de las relaciones familiares, el amor y el concepto de la muerte.

 

El primer single fue «Diciembre», y el segundo «Justa de perdedores». Ambos llegaron con videoclip dirigido por Josep Sarrate, y si el primero escenificaba una batalla campal (la típica cena de Navidad donde la paz y armonía son sustituidas por la típica batalla campal de una cena de Navidad), el segundo era la recogida de los restos del naufragio. Una carta sin espera de respuesta, una despedida de aquello que nunca dejó de herir, ya sea un familiar o un país. O quizá, él mismo.

 

Lo presenta este viernes en el Sabotage (21:30h, 15€), con Maria Antònia Roses como artista invitada.

-Según Spotify, tu primer material editado bajo tu propio nombre es de 2019, pero tu música no nació en 2019.
-He tenido bandas más o menos desde los quince. De LC, Lost Control, me echaron por no saber cantar. Me encanta contarlo. También porque fue el momento de inflexión de ponerse las pilas. Después estuve en un grupo a capela, y en Limber, una banda de hardcore melódico con la que giramos por España y Japón.

-¿Cuál es tu primer recuerdo sobre tu música?
-Lo recuerdo perfectamente. Mi primera canción la escribí muy joven con mi tío Luis [Cadenas, también cantautor, con quien ha compartido anteriores temas, escenarios, y en el EP participa en la canción «La cuenta atrás»]. También recuerdo como primera canción una que compuse para una ex. Se la envié cuando cortamos, ojo a la gestión de mierda en aquel momento. Como somos muy amigos, el otro día encontró casualmente aquel audio y me dijo que menos mal que he seguido haciendo canciones, porque era espantosa.

-¿Y el primer recuerdo sobre la música en sí misma?
-Grabar los sábados en cinta de vídeo con mi madre y mi hermano los momentos en que se emitía la MTV en Tele Nova [canal de televisión nacido en 1996 propiedad del Grupo Serra, en 2008 ya como M7 dejó de emitir y se integró en Canal 4 Baleares]. Teníamos mil cintas, y nos las poníamos cada puto día. Ella es muy melómana, muy de r&b, soul, funk. Recuerdo que de pequeño me ponía Luther Vandross, Marvin Gaye, etc. También le gustaba mucho el house. Luego estaban mis tíos, que eran muy de hard rock. Aún recuerdo el orden de los videoclips de aquellas cintas.

-Saltemos hasta tu actualidad máxima. Haz la proporción: cuánta de tu gente es fan de Hawaiians, de Jose en solitario, y cuánta de los dos.
-Bastante gente me ha dicho “has sacado un EP como Jose Artero… ¿por qué?” [ríe].

-La gente que te conoce desde Limber sí puede ver una conexión lógica hasta Hawaiians. Que debe ser bastante porque rulásteis muchísimo.
-Y teóricamente estamos en stand by. También me pasa lo contrario, que me conozcan del mundo de la música de autor. En Madrid participé mucho en rutas de micro abierto, y hay quien me ha dicho “¿puede ser que te viera en un vídeo tocando en un grupo y saltando ante 5.000 personas?”. Me gusta romperle la estructura a la gente y al público. Lo importante no es qué fue antes, si Hawaiians o Artero, si el huevo o la gallina, sino disfrutar del huevo y de la gallina.

-Has hecho ensayos en Barcelona, y los videoclips los rodaste allí. ¿Este proyecto individual es más de la Ciudad Condal, o es mallorquín?
-Tengo una especie de sede allí, mucho trabajo de este proyecto ha nacido allí, y también porque mi pareja es de Barna. Es como residir en dos lares. En este momento de mi vida trabajo y vivo en dos lugares.

-¿Qué periodo abarca el EP? ¿Cuál fue la primera canción y cuál la última?
-La verdad es que hay temas bastante antiguos. La primera que compuse fue «Naufragio», que responde a diversos asuntos de mi vida que reaparecieron al cabo de años y volvieron a tener mucha importancia para mí. Recuperé algunas grabaciones, incluso algunos vídeos donde ya la interpretaba en acústico, creo que de 2016 o 2017.

-Y detectaste su vigencia.
-Me pareció más viva que nunca. Fue emocionante ver cómo la canción había cogido un punto de vista distinto, más maduro y al mismo tiempo más doloroso.

-¿»La cuenta atrás», el tema con tu tío?
-Es de 2022, cuando falleció mi abuelo materno. Lo estaba escribiendo para un amigo que perdió súbitamente a su padre, y cuando mi abuelo enfermó la dejé varios meses porque fue una época larga y muy dura, para mí y para mi familia. Cuando la retomé me dije “creo que no tiene que ver tanto con el padre de mi amigo, sino con toda la gente a la que quiero”.

-Cosas maravillosas que solo pasan en la música: que una canción amplíe su significado.
-¡Claro! Por eso al final la grabamos como un homenaje a aquello que hemos perdido y que seguimos recordando. Es una carta de despedida.

-¿Y cuál es la canción más reciente?
-«Canción de un inicio». La más “luz” que tiene el EP. La más acustiquita y suave, bebe mucho de Alabama Shakes y de cosas a las que me fui enganchando, como hacer ver que se puede hacer música triste desde un punto de vista optimista. Es un punto y aparte porque llegó en el inicio de una relación y también de mí mismo. Por eso tiene ese título: inicio de una nueva vida, de una nueva era. Como Taylor Swift pero sin pelazo.

-Siempre hay que preguntar qué significa el título de un disco, más cuando no corresponde a ninguna canción.
-Ni sale como frase en ninguna. Es más, ahora mismo estoy escribiendo una canción en base a ese título. Todos los temas son como pequeñas cartas que no he sido capaz de verbalizar a alguien. Me costó luchar con Toni [Salvà, el productor] porque había canciones con sonido muy diferente. Le dije “confía en mí: creo que necesito que la línea de estilo sea así”. Cada canción tiene un por qué y me había gustado decirlo a tiempo, pero por no querer herir, por tapar o simplemente por no hacer bien las cosas. He sido un cobarde y quiero dejar de serlo.

-Nadie nace enseñado.
-Completamente. Y sigamos cagándonos de miedo continuamente, pero bienvenido que también seamos sinceros al respecto. «Cosas que debí contarte» no es una justificación, solo factos. Son mis cagadas.

-Samantha Hudson lo dijo al alumnado cuando la invitaron a Operación Triunfo: “Permitíos fracasar, como personas y como artistas”.
-Siempre habrá más fracasos que triunfos. Tuve un profesor en la ESADIB, Norman Taylor, que explicaba que no existen los errores sino nuevos puntos de vista. Cuando tropezamos te ves obligado a apoyarte en un mundo distinto, y eso es conocimiento. Y cuanto más conocimiento obtengas, más puntos de vista tienes. Porque seguir recto es aburrido y lo mejor que te puede pasar es cambiar de niveles.

-Hablabas de que has recuperado canciones. ¿Cuántas quedan? Porque encarar un trabajo totalmente nuevo puede ser muy estimulante, pero también es un relajo mental como creador saber que tienes esa hemeroteca.
-Hay gente que solo trabaja en función de canciones nuevas, y me parece increíble. Yo soy de los que tiene un cajón abarrotado de mierda. Sin embargo, aunque este último año ha sido muy fructífero porque he grabado este disco y he podido trabajar en otros asuntos, al mismo tiempo no he cerrado ni una sola canción en todo un año.

-¿Las canciones se cierran mejor en caliente o en frío?
-¡Siempre en frío!

-Hay que ser muy bueno para cerrarlas en caliente.
-Si la cierras en caliente, eso todavía está ardiendo.

-Pero es ley de vida, verdadera y legítima: lo que hierve, no se tapa.
-Soy más de tarta helada, y mira que no soy muy de dulces.

-Tus canciones siempre necesitan un cierto reposo.
-Es mi “concepto artístico”, aunque es una expresión que me la torra bastante [ríe]. Necesito ese reposo porque vomito cosas que realmente no quiero decir.

-Esa dualidad inherente a la música: hay quien afirma escribir desde el vómito porque desde la quietud no es que no quiera, es que no sabe hacerlo. O dicho de otra manera: la zozobra inspira, la calma no.
-Sí, sí, escribir desde el averno, pero luego poder verlo desde arriba cuando subes. Si miras al abismo y te devuelve la mirada, sabes que eso no está bien. Me gusta regocijarme en la mierda pero ser capaz de verlo, porque ahí es donde empieza el trabajo. Es donde tienes que sacar tus recursos artísticos, ver los movimientos que has hecho… Ahí hay muchísima emoción.

-Enric Montefusco, cantante y líder de Standstill, me decía en entrevista que solo escribe canciones desde la urgencia. Me ha pasado esto, he visto aquello, necesito escribir una canción ahora. Pero la urgencia con veinte años no es la misma que con cuarenta, le dije. Me respondió que en efecto no, es mucho mejor porque con los años ha ido acumulando herramientas, personales y artísticas, para darle salida. Pero que ante todo, urgencia.
-Es un tipo de composición diferente a la que yo quiero tener, pero igualmente me parece envidiable. Aunque también he sido capaz de vomitar canciones que he dicho “esta se queda”.

-Por todo lo comentado, aún no habrás escrito una canción sobre la agencia que se quedó con tu dinero [Artero quiso hacer público este pasado verano, vía vídeo en su cuenta de Instagram, que invirtió dinero en una agencia artística bajo el acuerdo profesional habitual en el sector: gestión de redes y plataformas, promoción y presencia en medios, conciertos, etc. Nada de eso sucedió, sin que la agencia contestara a los requerimientos del artista por todo ello].
-¡Podría haberla escrito! [ríe].

-Lo hiciste público. Chapeau, señalar con el dedo es de muy buena educación.
-Y no fue fácil. Lo pasé muy mal. Hice el vídeo para girar la tortilla, que afortunadamente se movió como la pólvora, pero también para quitarle peso porque me sentía en la mierda. Hacer el vídeo para limpiar, pero que tuviera tanta repercusión, al final me hacía sentir peor. Agradecí que me escribiera mucha gente, porque me hicieron ver que el problema no es con toda la agencia sino con la persona concreta con quien traté.

-Pregunta random, siempre hay que hacerla: ¿Mallorca se va a la mierda?
-Hay un texto grabado no sé dónde, creo que de antes de Cristo, que dice algo así como “los jóvenes están llevando el mundo a la mierda”. Al final todo es cíclico, también el caos. Claro que Mallorca se va a la mierda, pero ya ha sucedido en otras ocasiones. Por eso quiero ser optimista, porque tarde o temprano tiene que llegar el periodo digamos de luz. Porque si no, todas las mentiras que me he dicho serán mentiras de verdad.

-Como artista, como actor y como músico, tienes mucho recorrido tanto local como nacional. Sabes cómo funcionan las cosas. Precisamente por eso, ¿con tu proyecto en solitario miras más hacia aquí o hacia fuera? ¿Cuáles son los planes de conquista?
-De momento me conformo con que se escuche mi música. Lo que vaya surgiendo luego, bienvenido es. [Piensa durante varios segundos] A menudo he pecado de falta de ambición, dejar que las cosas funcionen según un supuesto curso de la vida. Pero ahora no quiero dar cinco pasos sin dar bien los dos primeros.

-¿Tienes canciones en català?
-Sí, bastantes, escritas tanto para mí como para otra gente. Este proyecto es en castellano, pero para mí la lengua catalana es mi madrina. Vengo de familia castellanoparlante, y no he tenido el català cerca de mí hasta el instituto. Luché hasta sentir que es una lengua que también me pertenece. Pero no es mi lengua materna, y a veces escribiendo canciones con ella no me siento sincero. Desde esa sinceridad voy a seguir trabajando en ello, porque soy muy consciente de dónde vivo y quiero hacerlo.

-Has comentado que recuperas, revisas y actualizas canciones. ¿También los textos? ¿Has modificado letras en función de nuevas ópticas? Por ejemplo, nuevas masculinidades o identidades de género.
-Sí, lo he hecho y me gusta hacerlo. Por ejemplo, en la música la misoginia está y ha estado siempre por todas partes. Como decía, he mamado mucho hard rock, y siempre ha habido una falta de gestión del carajo. Como yo mismo la he tenido. Hay canciones que una vez revisitadas y actualizadas me gustan mucho más ahora, por ejemplo por tener un concepto de la relación distinto. Y espero que dentro de diez años hayan seguido evolucionando y me gusten aún más.

-Hablábamos de cómo evoluciona la urgencia como leitmotiv. Pues no digamos el amor.
-Exacto. O mi propia sexualidad. Por ejemplo, siempre me ha gustado jugar desde un punto en el que no hablo del género en ningún momento. Antes podía ser de forma más inconsciente, ahora es mucho más consciente. Siempre me ha gustado hablar de sentimientos, de cómo nacen, pero nunca he sentido la obligatoriedad, necesidad o deseo de adjudicarlos a ningún género. Lo importante es que tus canciones lleguen y conecten, que a cualquier persona pueda evocarle algo porque aquello de lo que hablas también le ha pasado o lo ha sentido.

-Escribiendo tan en primerísima-primera persona, ¿comulgas al mismo tiempo con la idea común en la música, de que una vez que lanzas una canción ya no te pertenece, sino que le pertenece al público?
-Tengo una dicotomía al respecto. Primero porque este EP es musicalmente muy ecléctico. Ha habido épocas en las que he estado más cerca del folk, otras de músicas más tipo landscape, y otras, no sé, de Jeff Buckley. Desde ahí, cada canción es un mundo, y para mí han sido terapia. Siempre se escribe pensando en terceras personas, pero evocando lo que tú sientes. Desde dónde quieres proyectarlo. Realmente, escribes para ti. Por eso cuando inicié este proyecto tenía muy claro a dónde quería llevarlo, y que lo hacía para mí. Luego viene la dicotomía: tener muy claro que el proyecto pasa por ti mismo, lleva a que luego pueda pasar por los demás. Si no pasa, es porque no has sido sincero.

-Le pregunté a Joana Serrat, respecto a su maravilloso, grandioso ejercicio de autoexamen y terapia que es «Hardcore from the heart», si había pretendido hacer un disco que curase. Me contestó: “Si la pregunta es si a mí me curó, la respuesta es no. Fue catártico pero no sanador”. ¿El tuyo?
-Mi disco me ha curado en muchos aspectos. Y hay personas que me han dicho que han conectado mucho con tal o cual canción, pero me parecería muy pretencioso decir que es un disco que cura.

-Pues hay discos que curan. Por ejemplo, el primero de Jeff Buckley.
-Ese disco te destroza la vida.

-El primero que te venga a la mente que te haya resultado sanador.
-«Electro-Shock Blues» de Eels.

Enrédate en nuestras redes:

Publicado por:

Víctor Manuel Conejo Manso en Mallorca Music Magazine

Periodista de Cultura desde 1997. Lo último, 18 años en Diario de Mallorca (también como diseñador editorial). Antes recuerda haber pululado por Cadena Ser/Radio Mallorca, IB3 TV/Ràdio, Mondo Sonoro Balears, Youthing o Radioaktivitat, más diversas promotoras, productoras, agencias de comunicación, centros de creación y gestión cultural, etc. Ingresos extra como DJ y liante.

No hay comentarios

Deja un comentario

Con la colaboración de: